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¿Estamos cerca o solo conectados?

El impacto del uso del móvil en el apego infantil.

Tu hijo te llama desde el carrito.
Primero con la mirada.
Luego con una sonrisa.
Después mueve las manos, da una patadita.
Pero tú sigues mirando el móvil.

No es una escena extraña.
Tampoco te pasa solo a ti.
Vivimos en una época donde estar físicamente presente no garantiza estar disponible.

Las pantallas nos permiten saberlo todo sobre quienes queremos… menos cómo están de verdad.
Vemos sus fotos. Sabemos lo que hicieron. Pero no compartimos el momento.

En la crianza, esto se nota más.

Quienes somos madres, padres o cuidadores, crecimos en un mundo sin móviles. Nos educaron con una mirada, una voz, una presencia.
Ahora, criar en la era digital supone un reto nuevo: ¿cómo sostener el vínculo si hay una pantalla de por medio?

Este artículo no es una crítica a la tecnología.
Es una invitación a mirar de frente los cambios que está trayendo a nuestras relaciones.
A preguntarnos:

  • ¿Qué necesitan nuestros hijos en este mundo hiperconectado?
  • ¿Qué necesitamos nosotros para ofrecerles apoyo, conexión y regulación emocional?
  • ¿Cómo recuperar lo esencial de la relación?

Desde el modelo del Círculo de Seguridad, exploraremos cómo la conexión afectiva se construye en lo cotidiano: en la forma en que miramos, respondemos y acompañamos.

No hace falta ser perfectos.
Pero es necesario estar disponibles.

¿Qué es el apego y por qué importa tanto?

El apego es ese vínculo profundo que se forma entre un infante y su cuidador principal.
John Bowlby, el padre de la teoría del apego, lo definió como una necesidad biológica de buscar cercanía con quien nos cuida cuando necesitamos seguridad, consuelo o protección.

Pero no es algo que solo afecte a los bebés. Los patrones de apego que se construyen en la infancia influyen en cómo nos relacionamos en la adolescencia, en la adultez, en la pareja, con nuestras amistades e incluso en cómo nos tratamos a nosotros mismos.

Desde el Círculo de Seguridad, representamos ese vínculo como un movimiento constante: los niños exploran el mundo (saliendo a la parte de arriba del Círculo) y regresan buscando consuelo, cercanía o conexión (volviendo a la parte de abajo del Círculo). Y en cada momento, necesitan sentir que hay unas Manos disponibles: grandes, fuertes, sabias y bondadosas.

Manos que los miran, que se alegran en ellos, que los ayudan a organizar lo que sienten.

Lo digital: ¿una ayuda o un obstáculo?

La tecnología ha traído ventajas enormes. Hoy podemos hablar con nuestros seres queridos a miles de kilómetros, ver sus caras, escuchar sus voces. En teoría, estamos más cerca que nunca.

Pero en la práctica, muchas veces esa «cercanía» es solo información. Sabemos lo que han hecho, pero no sabemos cómo se sienten. Y lo mismo pasa en casa.

Y hay algo importante que no podemos dejar de nombrar: los teléfonos móviles, con su atractivo inagotable —redes sociales, mensajería, noticias, correo electrónico— están interfiriendo profundamente en nuestras relaciones.

Ya no es la televisión, ni siquiera la tablet. Es ese dispositivo que llevamos en el bolsillo, que nos acompaña a todas partes y que colocamos frente a nuestra cara justo cuando un niño nos está mirando, buscando algo más que compañía física: está buscando conexión emocional.

¿Cuántas veces, en lugar de mirar a nuestros hijos mientras juegan, estamos revisando el correo?
¿Cuántos momentos compartidos se han vuelto silencios paralelos, cada uno frente a su pantalla?

Y esto no solo afecta a los vínculos entre adultos. Está interfiriendo directamente en la crianza de los más pequeños. Uno de los patrones procedimentales más difíciles de sostener para un infante es aquel en el que no obtiene respuesta a las señales que emite. Si el adulto que cuida está absorto en la pantalla, se pierden muchas de esas señales.

Y cuando las señales no obtienen respuesta, el desarrollo del apego puede quedar comprometido.

Ya de por sí la crianza es un reto. Ya contamos con factores como el estrés parental. Pero si a eso le sumamos una pantalla, la desconexión se vuelve aún más probable.

La tecnología no es el problema. El problema es cuando interrumpe lo que estábamos construyendo sin darnos cuenta: una mirada, una sonrisa, un gesto que decía «estoy aquí para ti».

Las infancias nacidas con pantallas

Para los adultos, que crecimos sin móviles, es posible comparar y darnos cuenta de lo que estamos perdiendo.

Pero para los niños y niñas que han nacido ya con tablets y teléfonos inteligentes, la experiencia es otra. Muchos han aprendido desde muy pequeños a calmarse frente a una pantalla. A esperar en un restaurante viendo dibujos. A no molestar mientras el adulto está ocupado.

Lo que parece una solución, puede convertirse en un sustituto de la relación. Y la relación es lo que construye la seguridad.

Desde el modelo del Círculo de Seguridad, sabemos que el niño necesita saber que sus Manos están disponibles. Que si tiene miedo, podrá volver. Que si se emociona, alguien lo verá. Que si explora, alguien se alegrará.

Cuando eso falta o se interrumpe demasiado, no hay mapa que lo guíe. Y sin mapa, solo queda el desconcierto.

¿Cómo podemos cuidar el vínculo en la era digital?

No se trata de renunciar a la tecnología, sino de usarla de forma consciente. De decidir cuándo estamos disponibles y cuándo no.

Algunas ideas:

  • Hacer espacios sin pantallas en la rutina diaria: las comidas, el rato antes de dormir, los paseos.

  • Mirar con más frecuencia a nuestros hijos.

  • Validar sus emociones sin distracciones: «veo que estás triste… aquí estoy».

  • Hablar con ellos de cómo nos sentimos, y también de cómo nos cuesta desconectar a veces.

No hay crianza perfecta. Pero cada vez que elegimos mirar, estar, responder, estamos construyendo seguridad.

Para terminar

El apego no es un lujo ni una moda. Es la base desde la que nos construimos.

En un mundo cada vez más rápido, hiperestimulado y lleno de imágenes, elegir parar, mirar y acompañar puede parecer antiguado.

Pero es lo que marca la diferencia.

Porque los niños que sienten que hay alguien que los ve, que los entiende y que responde, son los que luego se atreven a ser, a equivocarse, a explorar y a volver cuando lo necesitan.

No se trata de ser perfectos. Se trata de estar más disponibles.

En la era digital, eso es un acto revolucionario.

Bibliografía consultada

  • Rodríguez Sas, O., & Estrada, L. C. (2023). Incidencia del uso de pantallas en niñas y niños menores de 2 años. Revista de Psicología-Tercera época, 22.

  • Linder, L. K., McDaniel, B. T., Stockdale, L., & Coyne, S. M. (2021). The impact of parent and child media use on early parent–infant attachment. Infancy, 27(3). https://doi.org/10.1111/infa.12400 

  • Erades, N., & Morales, A. (2020). Impacto psicológico del confinamiento por la COVID-19 en niños españoles: un estudio transversal. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, 7(3), 27–34. https://doi.org/10.21134/rpcna.2020.mon.2041